Ya llegó el momento de ser libre, de saltar, correr, bailar, de vivir. Silbé y el taxi se acercó; tenía que subirme en él rumbo a una nueva vida. No me dejaré llevar por el destino, tampoco caeré en las manos de la suerte ya que en mi mente tengo planeado algo inimaginable que no me quiero imaginar porque miedo me da.
Tan sólo quiero que llegue la magia, situarme en un piso a las afueras de Bélgica dónde no sepa que esté por pasar, que los pájaros me sorprendan cada mañana, que sus cantos me adentren en un bosque verde, lleno de vida, un riachuelo repleto de peces y un nuevo mundo que descubrir.
Sin nadie que me pueda reprimir, solamente yo, tumbado en la hierba mientras observo las nubes, los aviones pasar, oliendo el jardín de flores de mi casera.
Corriendo de norte a sur, disfrutando el momento, viviendo mi vida, yendo a la ciudad a trabajar, hacer amigos, irnos de fiesta volver a las tres tumbarnos en las hamacas, quedarnos dormidos y que el amanecer nos despierte.
Noches de soledad repletas de compañía estelares, animándome a pensar y a reflexionar, haciendo que me pregunte ¿Puede elegir cada persona su camino, o el camino elige a cada persona?


