Tras media hora tumbado en la arena, mientras los rayos del sol chocaban con su cuerpo, decidió darse un chapuzón, se levantó con un salto y se aproximó a la orilla, sintiendo como los pies se hundían en la arena, caliente por el sol.
Cuando llegó a la orilla sintió el agua fría, no se lo pensó dos veces y se zambulló saltando de cabeza, la playa no parecía normal, el fondo estaba a mucha profundidad, pero había algo raro, no respiraba, podría estar una eternidad bajo el agua que no se ahogaría. Acababa de encontrar una especia de habilidad desconocida hasta entonces.
Así que decidió inspeccionar el lugar, y se hundió aún, mientras nadaba hacia abajo, encontraba todo tipo de peces de colores, y alrededor del mástil de un viejo barco hundido un remolino de peces hacía acto de presencia. Era un barco enorme, lleno de algas que habían creado su propio ecosistema. El arrecife entero brillaba por sí mismo, era preciso, pero todo mejoró cuando una ballena jorobada, enorme, magnífica comenzó a nadar por encima de él. Era mágico, no salía de su asombro, cuando la ballena se marchó, salió del agua, tan rápidamente como entró y siguió tomando el sol, bronceándose.

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