Estaba solo en su casa, temía el sonido del viento agitando las ramas de los árboles, el río que se veía desde su ventaba creaba olas que rompían y daban voces a las sombras que la luna creaba; se escondió bajo las sábanas, se taponó los oídos, pero aún así el miedo seguía tras el, atormentándolo constantemente como si de su sombra se tratara.
Necesitaba huir, correr a los brazos de la única persona que sería capaz de calmarle, quería estar al lado de esa persona que asustaba al miedo con tan sólo usar su mirada. Pero era imposible, estaba en el otro lado del mundo, o eso decían.
Cayó un rayo, iluminó la habitación, el resplandor le cegó; el estruendo sonido del trueno lo siguió. Como resultado de tal combinación de elementos naturales dio un saltó y corrió hasta el baño, donde jadeante se miraba al espejo. La tormenta recobraba vida, ahora su fuerza emergía de la nada y cada vez era más difícil estar tranquilo, los cristales vibraban, los truenos rompían el silencio, le cortaban la respiración; el sudor frío surgió de la nada y de repente lo oyó; más allá del silencio, oyó esa voz tranquilizadora diciendo:
*Cuando dejes de tener miedo comenzarás a disfrutar.
Necesito olvidar que tengo miedo, es la única manera que tengo de dejar de pasar las noches de tormenta de esta manera.- Se dijo a modo de respuesta.
*¿Olvidar? Nadie olvida, cuando alguien se propone olvidar olvidas que olvidar no es lo que quieres, y ahí es donde las personas cometemos errores; en lugar de olvidar experimenta, siente, miente a la naturaleza y juega con ella.
Tras varios segundos procesando la información que acababa de recibir se armó de valor, cogió las llaves de su casa y salió a la calle.
Entonces quiso olvidar que estaba bajo una tormenta, una de esas que tanto odiaba; pero estaba cometiendo un error... aquellas palabras que había dicho la voz del silencio resonaron en su mente, no olvides decía...
Eso hizo se olvidó de olvidar, en lugar de eso cerró los ojos, la lluvia chocaba con sus párpados, el viento le daba de lleno en la cara haciendo que su cabello ondeara; abrió los ojos y la luz de la luna le incitó a caminar, llegó a la orilla del río que minutos antes le había asustado y pudo contemplar su belleza, ahora el río era sólo un río, las ramas de los árboles cantaban canciones, los truenos lo acompañaban como si de la percusión se tratase, de repente un rayo, los flashes de luz hacían el paisaje curiosos y misterioso, de repente las tormentas que tanto odiaba se habían convertido en su grupo musical preferido.

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